viernes, 16 de noviembre de 2012

Estudiar vs. emprender. ¿Conceptos complementarios o mutuamente excluyentes?

Hace poco más de una semana llamo mi atención un artículo que resumía una reciente intervención de Richard Branson (fundador del Grupo Virgin) en Fox Business. Sus ideas giraban en torno a la reflexión de la necesidad de educación de los emprendedores (entrepreneurs) y la respectiva inversión que dicha formación implica. A grandes rasgos el Sr. Branson quien funge como ícono de ese espíritu de emprendimiento del que tanto se habla en la actualidad; sugería que era innecesario acudir a la Universidad o Escuela de Negocios para ser emprendedor, por tanto simplemente se requería ponerse en marcha y hacer.

Ante tales afirmaciones sentí la necesidad de compartir una reflexión que aun cuando no pretende desacreditar la idea en cuestión y consciente del limitado numero de personas al cual podrían llegar estas líneas; sólo aspiro dejar por sentado mis impresiones en mi corta experiencia, las cuales espero sirvan de guía por lo menos a mis hijos en un futuro.

En reiteradas ocasiones he escuchado que el espíritu emprendedor es algo innato y que difícilmente se enseña, idea que con dificultad logro aceptar pero reconozco que se podría acercar a la realidad si se toma en cuenta aquello que en economía llaman "aversión al riesgo". El humano es un ser complejo e indiscutiblemente la historia esta hecha por unos pocos individuos que para bien o mal lograron diferenciarse del promedio. No obstante, ¿en verdad es innecesaria la preparación académica?.

Es cuesta arriba justificar esta necesidad, en especial cuando nos encontramos en una era donde personajes como Steve Jobs y Mark Zuckerberg abandonaron en su momento sus estudios formales para materializar sus ideas. Sin embargo sería interesante discutir si las condiciones para el emprendimiento son universales y están presentes a lo largo y ancho del planeta como para generalizar la idea. Profundizar en ello escapa del alcance de estas líneas.

Ahora bien, nací y crecí en un país que hoy día está elegante e inadecuadamente calificado como "en vías de desarrollo", caracterizado por el oportunismo y donde el emprendimiento aunque no imposible, esta supeditado a obstáculos que frustran la gran mayoría de las ideas. Sin ánimos de entrar en detalles socioculturales, las circunstancias nos han obligado a apostarle a la preparación como herramienta para salir adelante.

La experiencia académica tiene sus altibajos, y reconozco la frustración que puede traer las largas horas de estudio y algunas noches de intenso e incomprensible insomnio, para abordar tópicos que dependiendo de las preferencias particulares son de aplicación dudosa. Sin embargo, aun cuando al momento no pude ver la relevancia de lo estudiado en alguna materia en particular, la experiencia en si sembró algún conocimiento o hábito que daría sus frutos en algún punto del futuro (del mismo modo que el curso de caligrafía inspiro a Steve Jobs a crear los diversos tipos de letras que hoy día usamos en los procesadores de palabras).

Es por ello que considero que los conocimientos adquiridos a través de la adecuada formación no pesan, y si bien es cierto que no siempre son la fuente de inspiración; estos brindan herramientas que permiten ulteriormente canalizar el desarrollo de una nueva idea de manera coherente y organizada. La clave del éxito quizás reposa en todo caso en prepararse en aquello que mas nos guste para evitar así la incomodidad de desempeñarnos en áreas que no despiertan otra cosa que enajenación.

Siendo así, considero aun más arriesgado evadir la formación para ir por la vida en espera de la divina inspiración. ¿Qué ocurre si nunca llega la idea revolucionaria? ¿Qué ocurre si me encuentro en un sistema socioeconómico que no soporta a cabalidad el espíritu emprendedor?. En vista de ello, mi apuesta se enfoca en la dualidad academia-emprendimiento. Es muy temprano para compartir los resultados y el camino es tan largo como complejo. Será el tiempo quien demuestre cual modelo resulta más adecuado.

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