domingo, 3 de marzo de 2013

¿Es realmente importante la formación o educación?

A lo largo de mi carrera profesional me he topado con gran diversidad de profesionales con distintas aptitudes y actitudes. El mayor o menor éxito de todo aquel que me ha honrado al incluirme entre su red de conocidos o network ha sido función de una combinación de múltiples elementos. Sin embargo, me ha llamado especial atención aquellos quienes me han manifestado una actitud particular cuando de formación académica y/o profesional se refiere. Es por ello que me sentí motivado a plasmar un par de ideas que inviten a la reflexión a todos aquellos quienes desdeñan la importancia de la educación, quizás intoxicados parcialmente por la cultura del "oportunismo" en la que han sido envueltos en los últimos tiempos.

Formarse cuesta y mucho, bien en términos de tiempo y/o recursos económicos, pero no me cabe la menor duda de que más costosa es la ignorancia. Vivimos en un mundo que avanza a un ritmo exponencial, aunque muy a mi pesar debo recalcar que en efecto hay una inadecuada distribución de tales avances, lo cual imposibilita a mi parecer celebrar con propiedad el fenómeno del desarrollo y globalización, pero según entiendo, uno de los principales determinantes del desarrollo de los países ha sido el mayor o menor grado de formación de sus habitantes.

Pertenezco a la generación bautizada como "millennials" o "generación Y", la cual interpreto como un grupo de acelerada transición y que ha sido testigo de los agigantados pasos que la humanidad ha dado, por ejemplo, en materia tecnológica. Hemos sido sometidos a cambios bruscos, tales como el uso de "walkman" rápidamente sustituidos por "discman" para luego culminar con un "iPod"; somos una generación compleja, con interesantes mezclas y tendencias ideológicas manifestadas entre otras cosas en un profundo respeto a cierto fontanerito de origen italiano que va por la vida pateando cuanto ser se le atraviese y que nos enseño a que hay que llegar a las metas en un lapso de tiempo preestablecido. Nuestros gustos y metas de vida difieren en ocasiones de manera radical de los cánones tradicionales, pero ¿De verdad es justo que subestimemos la importancia de la formación?.

Estamos en la era donde se exalta mucho al personaje emprendedor, del cual en promedio se entiende a aquel ser capaz de asumir riesgos y seguir sus instintos para canalizar su energía hacia actividades que le reporten mayor satisfacción y de donde en teoría emana la inspiración e innovación. Todo ello es incuestionable, pero no es menos cierto que en la razón, estudios y en general la cultura reposan las bases del progreso. Muchos de los elementos que nos caracterizan hoy día, como las redes sociales y en especial Facebook, en efecto fueron creadas por individuos que en su momento abandonaron la academia, pero les consulto: ¿Cómo aprendió su creador a programar?. En mi opinión el Sr. Zuckerberg en algún punto de su vida invirtió cierta cantidad de tiempo en capacitaciones para adquirir tales habilidades.

De este y muchos otros casos se puede concluir que la formación en cualquiera de sus formatos (académica o autodidacta) sentó las bases, que al conjugarse con la imaginación dio paso al proceso creativo necesario para la innovación, o pregunten al Sr. Joel Thomas Zimmerman (a.k.a. Deadmau5) quien al igual que muchos otros de su ramo con seguridad pasa horas en su "estudio" evaluando ritmos, sonidos y efectos que en algún momento aprendió para dar vida a sus piezas, porque hasta para "tocar botones y teclas" y ser el mejor: ¡hay que formarse!

Recuerden:





"Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber"